sábado mayo 18 de 2024

Banco de la República ajustó sus pronósticos de inflación y crecimiento de la economía

04 mayo, 2023 Económicas

Leonardo Villar ,gerente del Banco de la República

Bogotá, 04 mayo, 2023_RAM_Debido a las persistentes presiones sobre los precios con mayores incrementos en las tasas de interés, el equipo técnico del Banco de la República ajustó sus pronósticos de inflación y crecimiento de la economía.

El equipo técnico, cuyas consideraciones son claves para las decisiones que adopta el directorio del banco emisor en materia de política monetaria, revisó su pronóstico de inflación para este año a 9,5 %, desde uno previo de 8,7 %.

Pese a esta tendencia, Colombia podría acumular una caída de 3,62 % en su variable en el costo de vida respecto al 2022 cuando presentó una inflación de 13,12 %, más de cuatro veces la meta de largo plazo establecida por el Banco Central, de 3 %. Para el 2024, el organismo mantuvo su proyección de incremento de precios al consumidor en una cifra cercana a 3,5 %.

El informe de política monetaria del Banco Central, explicó que “al final de 2023 la inflación total y la básica sin alimentos ni regulados (SAR) se situarían alrededor de 9,5 % y 8,9 %, respectivamente, y a diciembre de 2024 se alcanzarían valores cercanos a 3,4 % y 3,9”.

Por otra parte, en materia de crecimiento económico, el equipo técnico estableció un pronóstico de 3,0 % para el primer trimestre, en comparación con el mismo período del año pasado.

El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, anticipó el viernes que el equipo técnico había mejorado su proyección de crecimiento para el país de 1 %, desde una estimación previa de 0,84 %. “El equipo técnico proyecta un crecimiento de la economía de 1 % en 2023 y de 1 % en 2024, principalmente “por una moderación del consumo y de la inversión”, avaló el informe.

No obstante, el crecimiento del PIB estaría muy lejos de la expansión de 7,5 % que exhibió el país el año pasado. El directorio del Banco Central decidió el viernes por mayoría subir su tasa de interés de referencia en 25 puntos base a 13,25 %.

Más ajustes

En otro orden, en su reciente informe al Congreso, el Emisor explicó que el actual contexto macroeconómico requiere de una postura contractiva de la política monetaria para llevar la inflación a la meta y contribuir a ajustar la demanda agregada a niveles compatibles con la capacidad productiva de la economía y con una posición externa sostenible.

Con respecto a la inflación, en el primer trimestre continuaron diluyéndose los choques de oferta externos e internos que habían presionado al alza los precios y los costos de producción. A pesar de esto, la inflación no descendió como se esperaba, debido a una desaceleración anual menos acentuada en los precios de los alimentos, por aumentos más altos en el grupo de regulados, por la indexación al salario mínimo y a la alta inflación de 2022, y por mayores presiones cambiarias acumuladas sobre los precios. Recientemente, estas presiones cambiarias se han moderado, en parte, por las menores expectativas de aumentos de la tasa de interés en los Estados Unidos.

De allí que el pronóstico de inflación para 2023 del equipo técnico aumentó, en especial por el comportamiento esperado de los precios de los combustibles, y se alejó aún más de la meta. Las expectativas de inflación para fin de año se incrementaron, a más de dos años se moderaron, pero todas siguen por encima del 3 %.

Este contexto macroeconómico, de excesos de demanda e inflación elevada con pronósticos y expectativas superiores a la meta, requiere de una postura contractiva de la política monetaria que propenda por el cumplimiento de la meta de inflación en el horizonte de pronóstico, y por alcanzar niveles sostenibles del producto.

Los choques

Señalan los técnicos que las medidas acumuladas de política monetaria y la disolución observada de algunos choques que han presionado al alza los precios contribuirán a que la inflación empiece a reducirse a partir del segundo trimestre, y se sitúe cerca de la meta en 2024.

Sostiene, de igual manera, el reporte que durante el primer trimestre continuó la disolución de los choques de oferta y de costos externos e internos que habían afectado la economía, hecho que se reflejó en una desaceleración anual de los precios de los alimentos y del índice de precios al productor (IPP).

A pesar de esto, la inflación no se redujo como se esperaba y se incrementó del 13,1 % en diciembre al 13,3 % en marzo, debido a una desaceleración menos acentuada en los precios de los alimentos perecederos, a incrementos más altos en los precios de los combustibles y servicios públicos, y por las mayores presiones cambiarias acumuladas sobre los precios.

Combustibles

Para 2023 el nuevo sendero de pronóstico de la inflación también se incrementó, en particular por el mayor precio esperado de los combustibles. No obstante, la inflación descendería desde el segundo trimestre, debido a aumentos cada vez más pequeños en los precios de los alimentos.

El Producto Interno Bruto

En 2023 la actividad económica continuaría desacelerándose, convergiendo a niveles más compatibles con la capacidad productiva de la economía (Gráfico 1.3). Esto contribuiría a reducir las presiones de demanda sobre los precios. A finales de 2022 la actividad económica continuó con su desaceleración anual y el producto interno bruto (PIB) registró un crecimiento anual del 2,9 % en el cuarto trimestre, cifra menor que la estimada en el Informe de enero (4,1 %), pero que en niveles coincidió con la estimación inicial debido a las revisiones en las cifras históricas.

Para el primer trimestre de 2023 las nuevas cifras de actividad económica sugieren que el crecimiento económico anual habría sido similar al del trimestre anterior (3,0 %), con unos valores reales de la demanda interna similares a los registrados al final de 2022.

El consumo privado habría mantenido sus niveles, con una caída trimestral del gasto en bienes durables y semidurables, la cual sería compensada por la dinámica del consumo de servicios. Los mayores gastos generales y de personal producirían un aumento en el nivel del consumo público. La caída observada y estimada en las importaciones de maquinaria y equipo superarían la mejor dinámica esperada en la inversión de vivienda y, con esto, la formación bruta de capital fijo registraría un descenso en su nivel.

El déficit comercial, por otro lado, se habría reducido debido a una caída de las importaciones frente al aumento esperado de las exportaciones. En lo que resta del año, el consumo se reduciría desde los elevados niveles actuales, en parte como consecuencia de unas condiciones financieras apretadas. Esto último, sumado a la incertidumbre local, también afectaría la inversión, la cual se situaría nuevamente en niveles inferiores a los observados antes de la pandemia. En términos reales, el déficit comercial se reduciría debido a una menor dinámica proyectada de la demanda interna. Cabe mencionar que la revisión a la baja del nivel del PIB de 2022, una desaceleración más gradual a comienzos de 2023, y la expectativa de una desaceleración menos rápida de la economía implicaron un ajuste al alza en el pronóstico del producto para todo el año. Con todo esto, el crecimiento económico tanto para 2023 como para 2024 sería del 1,0 %.

La desaceleración del IPC

Aseguran los investigadores que las menores presiones cambiarias esperadas, unos costos y precios internacionales que se seguirían moderando contribuirían a la desaceleración anual del índice de precios al consumidor (IPC) de bienes.

A esto se suman condiciones financieras internas y externas más apretadas, las cuales aportarían a reducir los excesos de demanda en el horizonte de pronóstico y a bajar la inflación.

Con todo esto, al final de 2023 la inflación total y la básica sin alimentos ni regulados (SAR) se situarían alrededor del 9,5 % y 8,9 %, respectivamente, y a diciembre de 2024 se alcanzarían valores cercanos al 3,4 % y 3,9 %.

Estos pronósticos tienen una incertidumbre elevada, relacionada especialmente con el comportamiento futuro de las condiciones financieras internacionales, la depreciación del peso, el ritmo de ajuste de la demanda interna, el grado de indexación de los contratos nominales y las decisiones que se tomen en cuanto al precio interno de los combustibles y de la energía eléctrica.

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