martes febrero 20 de 2024

Julio Cesar Luna, un colombiano ejemplar

04 febrero, 2024 Farándula Fabio Becerra Ruiz

Julio Cesar Luna

 Fabio Becerra Ruiz

Nacido en la hermosa tierra Argentina, y oriundo de  bella ciudad de Córdoba, Julio César Valotta Fernandez,  después de culminar sus estudios, incursionó por vocación en las artes escénicas, y  terminando los años 60s después de trabajar como actor en Argentina, Perú y otros países,   emigró a Colombia  e incursionó en obras teatrales así como tambien  en radio, y posteriormente en la televisión, protagonizando las más afamadas  telenovelas de la época, como «Candó»,  estupenda producción costumbrista considerada hoy como un clásico del género en Colombia, escrita por Bernardo Romero Pereiro y con la actuación también de Judy Henriquez,  «Gallito Ramírez»  la cual dirigió, y  en la cual actuó el popular cantante y actor Bruno Diaz alias «El Fercho Durango», «Pero sigo siendo el rey», realizada en 1984,  «Pedro el Escamoso», y más de sesenta recordadas telenovelas, llegando a convertirse hoy en el internacionalmente   famoso Julio Cesar Luna, apellido de su querida madre y  que adoptó como nombre artístico, siendo un  recordado  galán por el cual suspiraban las mujeres, aplaudido director de teatro,  locutor comercial muy solicitado,   excelente libretista,  reconocido productor, y mas que todo, un inquieto y versátil  personaje quien además como poseedor de una  estupenda voz,  llevó  durante 12 años con contrato de exclusividad, los mensajes comerciales  de Avianca, y promocionó  en radio y televisión  los más importantes productos comerciales del país.

Ha sido Julio César Luna quizá uno de los mejores actores y directores de teatro y televisión,  no solo de Colombia sino de hispanoamérica, quien muy joven y becado  por la embajada de USA en la TV Publica (PBS)  permaneció estudiando artes escénicas año y medio en ese país, beca otorgada por el gobierno americano, a raíz del  estupendo montaje que como Director General, hizo de la obra «El hombre elefante» presentada con rotundo éxito en el Teatro Colon de Bogotá, y luego estudió producción y dirección teatral en los mas importantes escenarios de Nueva York, Los Angeles, Boston, y Miami en los Estados Unidos,  regresando  a Colombia, pais  al que ya desde entonces  sentía que  era su patria de adopción,  para dirigir obras teatrales de tanto impacto e importancia como «Amadeus» y «Teatro Universal»,  estrenadas en el  histórico Teatro Colón de Bogotá, destacándose  también como actor  en producciones de tanta importancia como «La Maria», y  «La Vorágine», pero a  quien mas que todo le admiramos los colombianos   su sencillez, su extraordinaria calidad humana, y su inigualable espíritu de solidaridad con los desposeídos, a quienes ha llevado funciones gratuitas, ha promocionado sin envidias a colegas que hoy se destacan en la televisión, ha transmitido sus conocimientos a las nuevas generaciones, ha ayudado a llevar el arte a colegios, universidades, y durante casi  sesenta años ha dedicado su vida a las artes escénicas en toda colombia,  habiendo adoptado desde muchos años atrás nuestra nacionalidad,  y  convirtiéndose hoy día en el colombiano más destacado, por su aporte a la cultura, y a  las causas nobles de la patria.

Precisamente una de las actividades que más sensibilidad ha despertado en su quehacer voluntario y social,  fué la creación, con el recordado Pacheco, y el recientemente fallecido Julio E. Sanchez Vanegas,  del equipo de futbol «Estrellas de la Television» que recorrió el pais muchos años  llenando estadios para  ayudar con   obras sociales a la comunidad, su apoyo decidido a la famosa carrera del C-100, que reunía fondos para ayudas humanitarias  y congregaba a las mas aplaudidas figuras de la radio y la television, su decidido  apoyo a las famosas  caminatas que organizó años atrás la ex primera dama Nidia Quintero, y en especial,  la creación de su «Fundación Teatral Julio Cesar Luna» entidad que sin ánimo de lucro, sin recursos económicos ni auxilios, pero con su liderazgo y el apoyo de  sus compañeros y colegas, ha llevado durante más de 20 años a niños con discapacidad  motriz,  ayudas emocionales y físicas, ofreciéndoles gratuitamente montajes teatrales con  lúdica teatral como medio terapéutico, para cuyo sostenimiento sin apoyo gubernamental, ha acudido Julio Cesar Luna  a subastas de obras, bazares y apoyo  de las comunidades, sufragando gastos incluso de su propio peculio, y ha  montado  más de 18 producciones  en el teatro La Castellana  de Bogotá, en una de las cuales una pequeña,  víctima de una bala perdida que la dejó discapacitada de por vida, al finalizar la  presentación teatral, pidió permiso para subir en su silla de ruedas al escenario, y allí  afirmó que Julio Cesar Luna no  había podido hacerla caminar, pero a ella y a sus compañeros «les había enseñado a volar», por lo cual desde ese momento se llamaban «Los Angeles de Luna» a quienes siempre el gran actor, libretista, y productor ha querido ayudar.

Su permanente orgullo de la profesion de la actuación, sus públicos pronunciamientos defendiendo a sus compañeros, para quienes exigía el pago de regalías de las novelas colombianas vendidas en el exterior, le originaron la molestia  de los canales de televisión, quienes montaron un callado  pero efectivo veto a su trabajo en los medios, pese a lo cual el país  lo recuerda como todo un ícono de la actuacion y direccion teatral, pero por ello  no hemos vuelto a verlo dirigiendo, produciendo o actuando, a lo que se sumó,  su decisión inquebrantable de continuar frente al cañón en su lucha por llevar arte a las comunidades, y así devolverle a éste país el cariño y admiración que siente el público  por un personaje que como Julio Cesar Luna, es orgullo de nuestra patria, es más colombiano que cualquiera de nosotros, y  el país, que conoce su brillante trayectoria y su servicio a las causas nobles de  Colombia, simplemente  lo admira como un colombiano ejemplar, y también como   un personaje  para mostrar con orgullo  al mundo de las artes escénicas y la cultura,  allende nuestras fronteras.

Julio Cesar Luna

Es Julio Cesar Luna, merecedor de los más grandes homenajes en Colombia, habiendo sido condecorado en muchas ocasiones por su apoyo a la cultura, homenajeado recientemente en la Casa del Valle en Bogota, por el Concejo Municipal de Tuluá que le otorgó la condecoración «Honoris Causa», internacionalmente le fue concedido el famoso premio Ondas de España  1981-82  por su adaptación de «El Extranjero» de Albert Camus, fué

declarado «Miembro Honorario» de la Corporación Colegio Nacional de Abogados que preside el exMagistrado Jose Gregorio Hernandez,  exaltado por diversas  organizaciones  de artistas como el Círculo Colombianos de Actores CICA, y objeto de reconocimientos por entidades públicas y privadas que conocen su entrega y dedicación a difundir el arte y la cultura en Colombia,  ya que sigue siendo un  personaje que permanece en el corazón de la nación que lo adoptó como unos de sus hijos, y quien hoy día sigue  vital y con nuevos proyectos como libretista, como productor y Director, y consciente del sentido social de su profesion, que lo hace  vivir  feliz en ésta  su Colombia querida, con el amor de su vida su adorada esposa  Liliana Fajardo, con el cariño de sus hijos,  y  con un pueblo que lo admira, y del cual se contagió de la calidez  de sus gentes,   de  sus costumbres, y su idiosincrasia,  las que le hacen más llevadera su lejanía de la tierra que lo vio nacer, y que por supuesto, también  siempre lleva en su corazón..

Dieciocho años después, Benazir volvió a vivir otra dolorosa escena: su hermano Murtaza fue asesinado a tiros frente a las puertas de la residencia familiar. Hacía algunas semanas se habían reconciliado tras un largo periodo de no hablarse, de no verse. Fue el golpe de la agonía. No había seguridad para su familia ni para ella como mujer política, en ninguna parte del territorio nacional.

En el mismo Pakistán se planeó el asesinato de Benazir. Se contrató a Ramsi Yusef –el mismo que atacó el World Trade Center de Nueva York– para acabar de una vez con su vida. La querían fuera del radar nacional. El bandido Ramsi falló dos veces. Benazir siguió respirando, hablando para su pueblo, defendiendo la democracia en un país donde ya se había experimentado –bajo su primer gobierno– este tipo de propuesta. Cuando capturaron a su esposo Asif Ali, la chantajearon para que dejara la política a cambio de liberarlo, pero Benazir, fiera y comprometida, se negó. Volvería al ruedo político por encima de sus enemigos.

A los tres años de la liberación de Asif, Benazir regresó a la política para volver a gobernar Pakistán. Rodeada de miles de seguidores que apenas la dejaban moverse en el parque Liaquat National Bagh, –en Rawalpindi–  habló de sus nuevas intenciones de gobierno. De pronto se escucharon gritos, disparos terribles, la explosión de una bomba horrible. Surgió el caos. Ya nada pudo salvarla.

La mujer que creía en la exaltación de las mujeres como mujeres musulmanas, falleció en diciembre de  2007. Murió con su gente, entre su gente. Tenía tan solo 54 años, y una infinita trayectoria para seguir con sus asuntos políticos –como otra Golda Meir, como otra Indira Ghandi–. Fue enterrada junto a su padre, el hombre de tendencia sunita que vio en su hija, desde la niñez, a una líder natural de primer orden.

La multitud pakistaní, dolida y perpleja, acompañó por las calles su ataúd en la hora de su entierro, durante interminables horas de ese crudo día.

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