A Pékerman se le perdió la medallita
No hay sosiego. Solo cenizas quedan de aquella prosperidad. Pékerman rentabiliza con su sueldo millonario, inversamente proporcional al tamaño y calidad de su trabajo, los momentos mágicos del pasado en la selección nacional. Duerme la siesta tranquilo, porque no hay autocrítica. Fallan sus jugadores, dice, pero no se equivoca él.












