martes noviembre 24 de 2020

La Infraestructura: El Eje del Desarrollo de Colombia frente al TLC Con Estados Unidos

05 noviembre, 2013 Opinión Carlos Villota Santacruz

CarlosVillota Santacruz internacionalista y periodista colombiano

Por Carlos Villota Santacruz

Cuando el 15 de mayo de 2012 entró en vigencia el TLC entre Colombia y los Estados Unidos, muchas eran las preguntas e interrogantes de los ciudadanos, el sector empresarial y la academia sobre los retos y oportunidades que ofrece el acuerdo diplomático y político más importante firmado por el país en las últimas dos décadas. La razón. La decisión de abrir las fronteras con el mercado más importante del mundo, podría significar un “salto al vacío” o también una oportunidad para desarrollar a una nación –en el corazón de la zona andina- en todos sus frentes, en particular el de infraestructura.

Miremos. La infraestructura –su debilidad y fortalezas- dependerá el flujo ágil y eficiente de todos los sectores de la economía,  que deseen ampliar su portafolio de servicios, que además deberán estar acompañados de ciencia, innovación y tecnología. Y más que eso, una vocación empresarial con un alto sentido  de gerencia logística.

No en vano, en diciembre de 2012, el presidente Juan Manuel Santos inauguró el muelle internacional del aeropuerto internacional “El Dorado” de Bogotá.  Una obra, que dará de que hablar por su alta modernidad, que será complementada con 16 megaobras –en materia área- que beneficiarán a terminales regionales.

En otras palabras, la tarea apenas empieza para adecuar la infraestructura de Colombia las exigencias del TLC. Si bien el aeropuerto “El Dorado”, es de entrada el aeropuerto más moderno y de mayor avance tecnológico en Latinoamérica, el Gobierno y el sector público y privado, debe pensar que se requieren fortalecer sectores claves para la movilidad como el férreo.

Por ejemplo, si se traza una estrategia en este sector –tan clave- para el país, se podrían aumentar las exportaciones de manera significativa. Adicionalmente, se reducirán las largas distancias entre los centros de producción y consumo con los puertos como Buenaventura, Tumaco, Barranquilla y Cartagena.

Lo que es oportuno reflexionar, es que bajo el escenario del TLC llegó la hora de recuperar el Río Magdalena. Lo que se debe ejecutar y colocar en marcha es un Plan Maestro, para su aprovechamiento.

Si repasamos la historia, esta cuenca hidrográfica –a principios del siglo XX- tenía una importancia como vía fluvial. A través de sus aguas entraban y salían mercancías. Es vital de fortalecer su encauzamiento de 225 kilómetros en el tramo entre Puerto Salgar y Barrancabermeja.

Si se da ese paso en materia de infraestructura –navegable por el río Magdalena- se conectarán los centros de producción de Medellín y Bogotá. También abrirá la puerta a la estabilidad de carga de 7.200 toneladas, al tiempo que el trayecto Barrancabermeja-Barranquilla se podrá hacer con el concurso de dragados.

En resumen,  más palabras menos, el TLC, al margen de ser una nueva constitución económica entre Bogotá y Washington, no solo aterriza de “dé a pocos en Colombia”. Tiene un escenario para ejecutarse e implementarse. Los ciudadanos y los empresarios incorporamos a nuestro  léxico, a nuestra vida y a nuestro futuro, el Tratado de Libre Comercio.

Su magnitud es de tal envergadura –para bien o para mal- que mientras en Estados Unidos existen hoy 1.600.000 PYMES subsidiadas y con pleno apoyo del Estado, en el otro lado de la “orilla”, en Colombia, existen un poco más de 450.000 PYMES, de las cuales solo un 28 por ciento tienen la posibilidad de entrar con éxito al mercado norteamericano.

Lo cierto, es que el panorama no claro. Hay muchas dudas. Hay muchas vacíos. El TLC fue muy mal negociado por Colombia. Los 12 departamentos fronterizos que posee el país, podrían asisten a un “baile”, donde podrían pasarla muy mal, -como el reciente paro agrario- sino adecuan su modelo productivo y de competitividad, en medio de la pobreza, la desigualdad, el desempleo que en vez de disminuir, tiende a elevarse.

Si se observa con detenimiento, lo que sucederá en Bogotá y cada una de sus pares es que se abrirá un solo interrogante: ¿quién pierde y quién gana con el TLC?.

Lo primero hay que decir, es que si bien gana el país en su imagen internacional al poner en marcha un acuerdo económico con la nación más poderosa del mundo con más de 350 millones de habitantes, -en medio de una carrera presidencial a la Casa Blanca-, los sectores que saldrán favorecidos de entrada son: las confecciones, las flores, los plásticos y los artículos de cuero.

En segundo término, es una realidad es que Colombia –en mayoría de su territorio. No está preparada para recibir el TLC por la ausencia de planificación, por los altos niveles de corrupción, por el pésimo panorama de las vías secundarias y terciarias, que coloca en aprietos los pequeños productores a la hora de intentar comercializar sus productos.

Si hablamos puntualmente, quienes comenzarán a sentir los efectos negativos del TLC serán los productores de arroz, trigo, maíz, azúcar, la avicultura, la ganadería vacuna, la porcicultura y los lácteos. Es decir, ganarán menos, trabajarán más y estarán obligados a competir más.

Una situación que puede ser un reto, pero cuya tarea no es fácil, porque la competencia entre Colombia y los Estados Unidos no es equitativa. No todos los que quieran exportar lo podrán hacer. El campo sino se industrializa podría ser una “muerte anunciada”, originará  desempleo, muerte y desolación.

Entonces, donde está la clave para no salir damnificado el TLC. Simple.

Invitamos a la prudencia. No tomar medidas a la ligera. Elevar el consumo interno.

Y una invitación a los empresarios colombianos: “no echar los huevos en la misma canasta a la hora de hacer negocios. Mirar otros mercados. Y por sobre todo, trabajar en equipo el sector público, el privado, la academia, el Estado, con una alta dosis de ciencia y tecnología”.

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