lunes octubre 26 de 2020

Aterricemos ya, señor Presidente

 Por Augusto León Restrepo 

Manizales, 26 de julio_ RAM_ A través de WhatsApp me llegó un comentario de un amigo acérrimo de la construcción del Aeropuerto Regional del Café, en el que me dice que le parecemos aprovechados quienes somos críticos pertinaces de esa solución para el desembotellamiento por vía aérea de Manizales, Chinchiná, Villamaría, Palestina y Arauca, al revivir el tema en época de corona virus. Como estoy perdiendo la memoria cercana y se me está recuperando la lejana, para responderle hice el ejercicio de volverme a leer, en algunas columnas que, contra mi costumbre, conservo aún, llenas de ácaros y de humedades, propias de su vejentud.

Me exponía el amigo, que era oportunista, efectista y desleal aducir que estando como estamos, enfermos, sin trabajo, sin camas hospitalarias a donde podamos ir a exhalar nuestros últimos suspiros, con los chulos rondando sobre nuestras cabezas, se fueran a dedicar dineros oficiales, de los contribuyentes, para oxigenar elefantes blancos en estado de postración. Lo del elefante, es mío. Claro que en principio me laceró el comentario y dije para mis adentros -muchas veces, más en época de corona virus, converso conmigo mismo- que eso no era para mí, que no había expuesto razones de orden humanitario, de economía capitalista, de priorizaciones en la planeación ni de desviación de recursos, para reiterar la inanidad de Aeropalestina. Que mis reflexiones han sido siempre de sentido común, de las que puede elaborar el vecino, el lector desprevenido, el hombre elemental, «que se levanta, se peina y se abotona, sin saber quién es ni de donde viene, ni para donde va». ¡Ah, los poetas!

De vuelta al párrafo primero, miren lo que me encontré. En 1986, con exactitud el 22 de abril, en La Patria de Manizales, escribí lo que resumo por razones de espacio, pero que es la nuez de mi opinión en ese entonces y ahora: «por ahí vimos unas fotografías de gente que vino a analizar lo de Aeropuerto de Palestina, obra futurista que como tal nos parece estupenda, pero que, en coincidencia con el maestro Adel López Gómez, se nos hace impracticable. Y vamos a dar nuestras razones, para que al menos los señores feudales nos den de azotes con alguna justificación». Antes de proseguir, anoto. En 1986, los señores feudales, los de la Andi y los perfumados, los políticos demagogos y caza contratos, como ahora, tenían atorrantes lanza flechas, que tildaban a quienes nos atrevíamos a ser disidentes de sus mandatos imperiales, de zancadillearos, alevosos, pereiranizantes, enterradores de oficio, inescrupulosos, bogoteños, etc. No es nada nuevo el asunto.

«Hay que mirar a Caldas como un todo y no seguir con el convencimiento de que Manizales y sus municipios aledaños son los únicos que merecen el desarrollo. Acordémonos de las mechas que prendieron el incendio separatista de Quindío y Risaralda. Con los tres mil y mas millones de pesos que valdría la construcción de un aeropuerto internacional en las goteras de Palestina, podrían recuperarse para el siglo veinte las alejadas veredas de Marulanda, Marmato y Samaná, por ejemplo, donde a estas alturas no ha llegado el primer automóvil, no conocen el fluido eléctrico y mucho menos saben del alfabeto o que las vacunas existen». (Abril 22/1986). Y qué decir de Aguadas la cenicienta del departamento en materia de inversión. Es el único municipio que no tiene carretera pavimentada. Hay que ir por carretera destapada. Ya se adelanta un plan de pavimentación de algunos municipios de Antioquia con Aguadas. Lo que dijo algún turista cuando llegó a Aguadas: queda lejos de todas partes. Me escribió esto último Dilia Estrada de Gómez, mi dilecta amiga, el 11 de julio del 2020. «Fácilmente estaríamos engendrando el Departamento del Magdalena Medio, con La Dorada como capital…De la misma manera el norte de Caldas, hoy redimido por la inversión en aguacate, principalmente de empresarios antioqueños, no resuelva que le pueda ir mejor regresando a su origen de antes de 1.905, cuando lo desmembraron de Antioquia para crear el departamento de Caldas». Guillermo Trujillo Estrada. Eje 21. Julio 10 de 2020.

Desde 1986, nos preguntábamos, además: ¿Se sabe la clase de carga que se va a exportar por Palestina? ¿Su costo? ¿El número de pasajeros que se transportarán por allí? ¿El valor estimado de un pasaje cuando salga el primer vuelo? Obviedades señor Presidente pero que es indispensable despejar, porque es la única manera de que su promesa de aterrizar en Palestina a bordo de su avión antes de terminar su mandato se haga realidad. Y no un sueño que se puede convertir en pesadilla, por las múltiples fantasías onerosas que le han vendido a usted y a sus predecesores, durante cerca de cuarenta años.

«Y pensemos eso sí, en modernizar nuestro aeropuerto de La Nubia de acuerdo con lo que aconsejan los que saben de estos asuntos como el Dr. Alberto Farías Mendoza, quien en El Espectador y en su columna sobre turismo y transporte expresa: El desarrollo que registra la industria aérea en Colombia y en el mundo ha producido en los últimos años, en la mayoría de los países, la necesidad de ampliar la capacidad de sus aeropuertos. Y digo ampliar, porque todos los estudios económicos que se hacen indican el altísimo costo que implica el construir estos servicios nuevamente. El valor de la tierra, el valor de los materiales de la construcción, las alzas en la mano de obra, sugieren que reemplazar un aeropuerto mediante la construcción de uno nuevo represente sumas tan grandes que resultan imposibles para las economías de los países respectivos. Por esto la decisión se ha tomado en el sentido de ampliar las facilidades existentes». Año de 1986, 24 años antes de la pandemia del año 2020.

Parece escrito para el día de hoy, cuando los aeropuertos nuevos, los aeropuertos cero kilómetros como el de Palestina, aparecen en el horizonte como inversiones embelequeras, sin futuro ni sostenibilidad a la vista. Y promovidos los aeropuertos domésticos como el de La Nubia, que según le escuché al sonreído y manirroto gobernador de Caldas, Luis Carlos Velásquez C, en un mensaje promocional de febrero de este año, » menos del 11% de los vuelos fueron cancelados» en el 2019. Entonces, aterricemos ya, Señor Presidente. No cuando sea un imposible planillar su Boeing 737-700, identificado como FAC 001, con destino a Palestina, por incumplimiento forzoso de sus promesas.

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