lunes octubre 18 de 2021

El padre Pacho de Roux

11 septiembre, 2021 Opinión Augusto León Restrepo

Por Augusto León Restrepo

Bogotá, 11 de septiembre _ RAM_ Francisco José de Roux Rengifo, para los colombianos el Padre De Roux a secas, sacerdote jesuita de 78 años de edad, caleño, Presidente de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, organismo que busca la objetividad y lo más cercano a la certeza en la narrativa del terrible lapso de varias décadas en que los colombianos nos empeñamos en revolcar a sangre y fuego la institucionalidad, merece nuestra admiración y respeto permanentes.

La trayectoria del Padre Francisco José, en la Academia, en el terreno social de apostolado y de trabajo por la utopía de la paz, dentro de tantos alamares que luce, tiene el de haber sido provincial de la Compañía de Jesús en Colombia, una especie como de Presidencia de la poderosa comunidad jesuita, cargo para el cual se requiere más condiciones intelectuales y morales que para ser presidente de la República, llenaría varios párrafos de este apretado artículo de prensa.

Pero no se trata de escribir apuntes biográficos ni de exaltar sus títulos y logros. Voy es a resumir mi punto de vista sobre su visita el día 15 de agosto del presente año, a la finca de Rionegro del expresidente Álvaro Uribe Vélez, con el fin de escucharlo e interrogarlo alrededor de su papel preponderante en los acontecimientos históricos, objetivo esclarecedor de la misión de la Verdad. Se trataba de una mera conversación ilustrativa y desde el punto de vista exclusivo del Dr. Álvaro, quien se «dignó» recibir al Padre de Roux y a los comisionados   Lucía González y Léyner Palacios, miembros pares los tres en representatividad y membresía, pero a quienes el Dr. Uribe trató de rebajar, a estos dos últimos, a la categoría de convidados de piedra, sin que hubiera logrado su propósito.

A sabiendas de que el Dr. Uribe descalifica a la Comisión de la Verdad y desconoce su creación constitucional y legal, el Padre de Roux y sus acompañantes no pusieron objeción alguna para ir donde el político paisa, porque, si no aparecía su versión sobre los acontecimientos en averigüe, hubiera quedado trunco el fin en que se ha de empeñar el exigente encargo conferido a la Comisión. Que, de todas maneras, no nos quepa la menor duda, carecerá de la unanimidad en el reconocimiento de sus conclusiones, por cuanto el Dr. Uribe descalificó de antemano el interrogatorio por considerarlo sesgado e irreverente y porque a juicio del Dr. Uribe, las pesquisas tendieron fue a responsabilizarlo. Olvida el expresidente quizás de momento- queremos pensarlo- que ni los comisionados son jueces ni la Comisión es un tribunal. Lo que es del caso recordar a nuestros lectores, para que se entienda el episodio en su verdadero significado.

Que tal que el Padre Francisco, Lucía y Léyner se hubieran devuelto de la puerta de la residencia de Álvaro Uribe, en Llano Grande, jurisdicción del municipio de Rionegro, en Antioquia, porque trataron de ninguniarlos, cambiándoles las reglas de juego, o suspender la entrevista cuando los hijos del Doctor Álvaro y Doña Lina los hicieron víctimas de pataletas y reclamos infundados. Nos hubiéramos privado de las largas exposiciones del Dr. Uribe, que como a las lentejas, o las tomas o las dejas. Yo las tomo. Con una salvedad. A mí me causaron la misma impresión que las declaraciones de Samper, Gaviria, Santos y Pastrana: que aquí nadie tiene la culpa de nada; que la culpa va a resultar de la Vaca, «La Culpa es de la Vaca», como en el título de un muy leído libro del intelectual quindiano Jaime Lopera. Y amnistiados todos, para cumplir el mandato uribiano de «amnistiaos los unos a los otros».

Pero no Padre Pacho, como le dicen con afecto y reconocimiento sus amigos y los campesinos agradecidos de vastas regiones de Colombia, azotadas por la guerra y los desplazamientos. Lo que salga de todo esto, bajo su batuta y dirección, va a ser un aporte invaluable para la reconciliación y la no repetición, después de la ignominia. Las páginas del esperado informe, que deben aparecer en noviembre, durante muchos años van a servir de tema de reflexión, de catarsis, de propósito de enmienda, cualesquiera que sean las conclusiones a que se lleguen. Y usted jamás perderá su condición de faro y de guía, así sus detractores y enemigos traten de herrumbrar su broncíneo pedestal, que estará siempre más alto que el de los poderosos y de los soberbios. Usted, con su serenidad, sabiduría y humildad, humildad que no parece jesuítica sino franciscana, que ostentó en su encuentro con el Dr. Uribe, nos dio una lección, difícil de superar. «Se erigió como un David de una estatura moral muy grande, que no se amedrentó ante Goliat», escribió en elogio suyo Patricia Lara Salive. Suscribo la frase.

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