jueves diciembre 2 de 2021

Nobel para los periodistas

Por Augusto León Restrepo

BOGOTA, 17 de octubre,2021_ RAM_ Esto de depender de la tecnología, de la computación, es asunto serio. La columna que ustedes leen, debió aparecer en éste diario virtual y uno que otro medio que me hace la merced de reproducirla, hace una semana. Y pues cuando iba como en la mitad de su redacción, se congeló la pantalla de mi PC (hay que utilizar siglas y acrónimos en la redacción para no aparecer como viejos desactualizados ante los hijos), y quien dijo Troya. Moví cuantas teclas fue posible, apagué y prendí el aparato varias veces, igual a lo que hago con mi celular y es milagroso, y nada que volvieron las letras a la pantalla. Entonces acudí, como tantas veces, a mi ex yerno, que hace las veces de EMI en estas emergencias, quien acudió solícito a mi llamado y dictaminó en minutos que mi computador había sido atacado por un virus mortal. Que había que enterrarlo o someterlo a un trasplante de corazón, que costaría más o menos la mitad de su sepelio.

Su veredicto lo comunicó después de desconectarlo, abrirlo y depositarlo en el sofá de mi biblioteca y poner la carcasa y los tornillos a salvo, no fuera que al volverlo a armar se hubiera perdido uno de ellos y ahí si que hubiera sido Troya. O una hecatombe, para no repetir lo del manido recurso de apelar a Troya. Pero para abreviar el cuento, y como el palo no está para cucharas, resolví comprarle el repuesto del cerebro a mi otro cerebro, obvio, a mi computador, y resignarme a perder archivos, fotos, facturas, declaraciones de renta, esquemas de poemas y prosas, por fortuna, y, en fin, todo aquello que uno acumula en los archivos electrónicos, con el convencimiento de que, si algo hay eterno en el mundo, es un computador. Error de errores. Quedé en ceros. Y al borde de un ataque de nervios. De una visita a mi siquiatra. O al Salto del Tequendama, donde acudo en momentos de crisis y regreso ileso después de haberme atragantado de longanizas, morcillas y papas criollas. Barriga llena, corazón contento.

Dimitri Muratov y María Ressa

Dimitri Muratov y María Ressa

Pero como sé que ustedes, mis fieles y numerosos lectores (?), están ansiosos por saber lo que decía mi artículo de hace ocho días (ninguno, pero ninguno de ellos, ni siquiera mi única hermanita, hizo reclamo de por qué no hubiera encontrado la columna dominical), les cuento que iba en la mitad de resaltar que por segunda vez en lo que ha transcurrido desde su adjudicación, en 1901, por estos meses, se le haya otorgado el Premio Nobel de La Paz, al periodismo, en cabeza de dos de sus oficiantes, la periodista María Ressa, de Filipinas, y Dmitry Muratov, de Rusia. La primera vez, aclaro para quienes son dateros, se le adjudicó al periodista y pacifista alemán Carlo von Ossietzky.

¿Y quien es la María Ressa, de Filipinas?. Es más conocida y reconocida que su colega ruso. María tiene 58 años y su lucha ha sido contra el desbocado poder que ejerce en su país el presidente Rodrigo Duterte, a quien, a través de su línea de noticias Rappler, ha denunciado por sus abusos despiadados y criminales en una pretendida lucha contra el narcotráfico y quien ha tratado de censurar a los periodistas, en especial a los de las provincias, por medio de intimidaciones y amenazas. María, recibió este año 2021 también el Premio Guillermo Cano, otorgado por la Unesco , a aquellos periodistas que defienden a rajatabla la libertad de prensa y en especial a los que lo hacen en condiciones peligrosas.

¿Y quien es Dimitri Muratov, de Rusia?. Va a cumplir 60 años de edad a finales de este mes de octubre y es considerado como el patriarca de la prensa libre en su país. Director del periódico Novaya Gazeta, ha desafiado al régimen imperial de Vladimir Putin con la continua denuncia de sus abusos, que desde luego son ignoradas por el extraño personaje, que de brazo con los jerarcas de la iglesia ortodoxa rusa, mantiene los hilos del poder en la potencia mundial. Murotov le dedicó el lauro obtenido a sus colegas asesinados en los últimos años, cuyos crímenes han permanecido en la más absoluta impunidad. Ambos, Ressa y Murotov, han expresado que hacen partícipes de su reconocimiento a todos los periodistas del mundo, que allá como aquí, ejercemos la profesión u oficio más peligroso, después de la aviación y el toreo, valga la pena recordar.

Los jurados recalcaron que la mejor contribución a la paz en el mundo, es la defensa sin tregua de la libertad de expresión, de la democracia, de la vida y la convivencia, de la denuncia de los abusos del poder, de la bandera de los derechos humanos, propósitos que no por conocidos y reiterados , siempre es obligatorio recordar. Porque debe ser la lucha, nuestra lucha de todos los días.

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