miércoles diciembre 1 de 2021

Cinco años de una utopía

24 noviembre, 2021 Opinión Augusto León Restrepo

Por Augusto León Restrepo

BOGOTA, 24 noviembre,2021_ RAM_ Hoy 24 de noviembre del 2021 desperté más temprano que todos los días y me fui directo a darle un vistazo a la prensa nacional en busca de una foto, en la que, en los noticieros de la noche, se mostraba en un mismo espacio, sentados muy cerca, al Presidente de Colombia Iván Duque Márquez, al ex comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Rodrigo Londoño Echeverri y al Secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres. También la escena destacaba la presencia de altos funcionarios del gobierno, de guerrilleros que suscribieron el Acuerdo de Paz del Teatro Colón hace cinco años y de víctimas del conflicto y habitantes de los municipios de Dabeiba y Apartadó, en Antioquia, donde se celebraba, sí, se celebraba, el quinto aniversario de la firma del acuerdo de paz, por medio del cual se dio finalización al largo, larguísimo, enfrentamiento armado entre las Farc y el Estado colombiano. Duque y Timochenko, habían estado frente a frente, antes, en un par de ocasiones, y supongo que estrecharon sus manos. En la época de los sesenta se vendió como arroz, en carteles, afiches y cuadernos» una mano/ más una mano/ no son dos manos;/son manos unidas. /Une tu mano/ a nuestras manos/para que el mundo no esté/en pocas manos/ sino en todas las manos», de Gonzalo Arango. Recordé.

Como recordé, lo que tuve la fortuna de presenciar, en Cartagena, en marzo del 2017, en el marco del Festival de cine, en la presentación de la película «El silencio de los fusiles», icónica filmación de la periodista, directora y guionista antioqueña, la connotada Natalia Orozco, cuando en el Teatro estrecharon sus manos El Presidente Juan Manuel Santos y Humberto de la Calle con Arturo Alape y con Tanja Nijmeijer, La Holandesa, o Alexandra Nariño en la guerrilla, entre otros. El público del Centro de Convenciones, atónito y emocionado, ovacionó la película, el apretón de manos, a Natalia Orozco y a la paz.

Así se fue construyendo, a punta de gestos, lo que conmemoramos hoy. La supervivencia del Proceso de paz, con sus idas y venidas, con sus negaciones y sus apoyos, con sus reconvenciones y sus aproximaciones. Con su institucionalización por el Congreso, su ratificación legitimaria  por parte de la Corte Constitucional , por  reconocimiento reiterado por parte del Estado, representado por el gobierno de Iván Duque Márquez y rodeado por el apoyo y el respaldo internacional, en cabeza del Director Ejecutivo de las Naciones Unidas y de centenares de instituciones, que resaltan, apoyan y rodean esta experiencia original y única, a la colombiana, con justicia transicional, que no se volverá trizas, sino que más bien, con el tiempo  que requiera para su implementación obligatoria, permitirá la duración y la estabilidad de la convivencia, el perdón y la reparación acordadas.

A la fecha de hoy, se conocen datos fehacientes sobre lo que, para muchos colombianos como nosotros, es el gran logro del Proceso. El Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, CERAC, que lleva un conteo diario de los hechos de violencia ocasionados por los conflictos armados, supérstites al conflicto con las Farc, calculan que «por culpa» del proceso se han salvado entre 4.200 y 6.300 vidas en los últimos cinco años, tanto de guerrilleros y militares como de la población civil. Estas solas cifras merecen un Aleluya.

Me haría interminable si siguiera con el análisis riguroso de los beneficios reportados. No lo haré. Pero no me aguanto las ganas de anotar al margen, casi que, como anécdota, lo que encontré en la prensa de hoy. El ex presidente Álvaro Uribe Vélez, le envió una carta al Secretario de la ONU, en la que repite, como dándole vueltas interminables a una noria, su monserga conocida contra el Proceso de Paz de la Habana, que me voy a abstener de enunciar, porque me suena a disco rayado. Y porque, con mucha pena con el Dr.Álvaro, me quedo con los conceptos positivos sobre el Proceso, su legalidad y conveniencia, expresados por el Papa Francisco, por Iván Duque Márquez, nuestro Presidente, por Antony Blinken, Secretario de Estado de los Estados Unidos, el Fiscal de la Corte Internacional, Karim Khan, y ayer en Apartadó, el Secretario General de la ONU. Algo va de Pedro al Bachiller Macías o a María Fernanda Cabal. O al mismo autodenominado como «judicializado por razones políticas», Álvaro Uribe Vélez.

Y un final recordatorio. No olvide el ex presidente Juan Manuel Santos, que su premio Nobel de la Paz, está esculpido sobre el sacrificio personal y político por parte de los negociadores del Acuerdo, antes, y en La Habana. En El Espectador de hoy, se lee un reportaje en el que se autoadjudica todas las indulgencias. Ni una sola mención para los ebanistas, los arquitectos ni los dialogadores. Voy a rememorar algunos nombres, que, durante cinco años, sudaron la camiseta para obtener lo que cinco años después del 24 de noviembre del 2016, festejamos y aplaudimos. Enrique Santos Calderón, Sergio Jaramillo, Frank Pearl, Alejandro Eder, Jaime Avendaño, Lucía Jaramillo Ayerbe, Luchy, Henry Acosta, Humberto de la Calle, General Oscar Naranjo, General Jorge Enrique Mora, María Paulina Riveros, Juan Carlos Villegas y muchos oros que aportaron sus conocimientos y sus luces, militares, Abogados, equipos de jóvenes profesionales, muchas mujeres jóvenes, brillantes y entregadas a la causa, asesores, anónimos consejeros, en fin, una pléyade política e intelectual, a la que Ud. Dr. Santos, debe agradecer y exaltar. No olvide que nobleza obliga. Así, su condición social y su ego superlativo, le hagan pensar que en usted comienza y termina la historia. P.D. Ofrezco excusas por las omisiones en que haya incurrido.

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