domingo enero 23 de 2022

Con el debido respeto

07 diciembre, 2021 Opinión Augusto León Restrepo

Por Augusto León Restrepo

BOGOTA, 06 diciembre,2021_ RAM_ Álvaro Londoño Maya, hermano de mi esposa Sonia Cristina, cuando en Cali nos corremos algunos vinos, en las largas conversaciones que tenemos, disiente de lo que yo opino en un porcentaje apreciable. Pero, eso sí, lo hace con propiedad, en asuntos de toda índole, que es lo usual en los diálogos entre amigos. A veces, pocas, yo le cedo la razón. Nada de particular, dirán ustedes. Pues no. El asunto es que maneja una clave en la argumentación. Cuando ha construido el discurso y lo considera fuerte, utiliza la muletilla de, «con el debido respeto»…Y se viene con una catarata avasalladora de adjetivos, epítetos, sarcasmos y ajos, que sorprenden y apabullan.

Esto lo traigo a colación, porque ayer sábado 4 de diciembre, en mi habitual lectura del diario El Espectador de Bogotá, me encontré en su sección «De labios para afuera», la siguiente frase, atribuida a un docente de un colegio de Pereira, dicha cuando reprimía a gritos a uno de sus alumnos: «Donde fuera usted más güevón le cuento que no camina. ¡Usted es estúpido! Se lo digo con todo el cariño». Con todo el cariño, del maestro pereirano, se me hizo muy emparentado con el debido respeto, de mi cuñado.

Emplear estos cojines de algodón para amortiguar los golpes, es lo más parecido a «dorar la píldora», que es tan usual en la burguesía y que parece que se ha puesto de moda dentro de la clase política colombiana. Con el debido respeto y con todo cariño, se están insultando con palabras soeces, delante de todo el mundo, amigos y contrincantes. Y .luego salen con el cuento de que esas agresiones verbales, son con el debido respeto, con cariño, con humor, en forma coloquial. No importa. Todo depende del tonito. Démonos  patadas en el culo, que después, ya veremos.

Lo del tonito es un cuento muy viejo, que lo oí en los estrados, cuando ejercí como abogado, en derecho penal. Estaba un sindicado en el banquillo de los acusados, a quien ya habían indagatoriado  y le habían imputado cargos, para emplear la disímil terminología de moda, enjuiciado por homicidio, por haberle ocasionado la muerte a un amigo que le dijo en medio de los tragos: «hombre vos sos un hijueputa». El fiscal del caso le dijo en la audiencia que esa reacción había sido salvaje, desproporcionada, criminal; que el hijueputa era casi como un tratamiento normal entre los paisas; que hacía parte de su lenguaje cotidiano, casi un saludo, «quihubo hijueputa, como vas». Entonces el asesino le respondió: «es que yo no maté a ese hijueputa por el madrazo. Lo maté fue por el tonito en que me lo dijo».

Cuando escribí, indagatoriado e imputado, me acordé del Dr. Álvaro Uribe Vélez y su memorable » Te voy a dar en la cara, marica», y del tonito en que lo dijo. Yo creo que al que estaba al otro lado del auricular se le distensionaron los esfínteres del susto, para ser eufemista. Como eufemista lo fue Karen Abudinen, la ex ministra de Tecnología, Información y Comunicaciones, TIC, quien, para responder un tuit de la congresista Katherine Miranda en que afirmó que la palabra del año era «Abudinear», la descalificó con los más sonoros adjetivos: «No puede decir ahora -Katherine- que la corrupción tiene mi apellido. Sinvergüenza, canalla, miserable, bandida». Yo creo que lo que Karen le quiso decir a Khaterine fue, te voy a dar en la cara, marica. Y hubiera salido de una.

Esta semana, el candidato presidencial y senador caldense Jorge Enrique Robledo dejó el micrófono de su curul sin apagar y se le oyó decir en el recinto del Senado, refiriéndose a los herederos de Luis Carlos Galán, que «por culpa de los malparidos de los Galán se inventaron  que la lista tenía que ser…». A renglón seguido, minutos después, Robledo pidió, ¿o presentó disculpas?, a Juan Manuel y a Carlos Fernando Galán. Que esa frase era coloquial, y que tal y pascual. Los jóvenes Galán aceptaron la explicación, parece que no los afectó el tonito de Robledo, se abrazaron y colorín colorado. Más adelante Fajardo almorzó con los delfines Galán, publicó la foto del encuentro y puso al pié: «Un almuerzo muy productivo con este par de malparidos». A Fajardo, que tiene más gracia una boleta de captura, el tonito de Robledo, como a los Galán, le pareció coloquial, cariñoso, con el debido respeto.

Como escribo en sábado y me siento chistoso, a pesar de mi malparidez decembrina, no puedo dejar de contarles este chiste: se fueron dos amigos a una función de ópera y cuando el tenor dio un do de pecho, uno codió al otro y le dijo «¡que hijueputa voz!», y el amigo le respondió al rompis: «más hijueputa serás vos!». Distinguió el tonito. No pasó nada. Terminó la función y terminó esta columna. No dejen de leerme en el futuro, así les parezca que estoy escribiendo muchas güevonadas. En todo caso, las he escrito con el debido respeto.

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